Elogios al amor masculino

Introducción

Hoy publicamos en nuestro BLOG un artículo de opinión de Trevor Loudon autor, cineasta y conferencista de Nueva Zelanda.

Durante más de 30 años, ha investigado los movimientos de izquierda radical, marxista y terrorista, y su influencia encubierta en el ámbito de la política. 

Este artículo de opinión fue publicado originalmente en el sitio web La Gran Época y cobra relevancia en un tiempo en que justamente la base de nuestra sociedad, la familia,  esta bajo ataque por parte de las oligarquías tecnológicas. A continuación el escrito:

 

Comentario

Recientemente escuché una historia de amor que me hizo llorar. No era una tragedia de Shakespeare sobre amores desafortunados. No era para nada romántica. No era la historia del sacrificio de una madre por sus hijos, al contrario.

Era una simple historia sobre amor masculino; algo tan rara vez elogiado y tan a menudo desvalorizado, que la cultura occidental está muriendo por su ausencia. Un muy apreciado líder militar de EE. UU., veterano de una de las unidades militares más fuertes de este país, me contó su historia. Hace mucho tiempo, el hijo de mi amigo tenía alrededor de 16 años. Fumaba marihuana todos los días, y sin importar lo que sus padres le dijeran, o cuánto le imploraban o intentaban razonar con él, simplemente no dejaba de hacerlo. El vicio de su hijo se convirtió en un gran problema familiar.

La madre del joven le dio amor incondicional. Ella estaba allí para él sin importar cómo se comportara. Cuando el padre del chico lo amenazó con correrlo de la casa, su desconsolada madre le imploraba entre lágrimas que no lo hiciera. El amor por su hijo era abrumador e incuestionable, pero completamente infructuoso. Con el tiempo, el padre, un hombre que había liderado a las tropas más fuertes en combate, hizo una de las decisiones más valientes de su vida. Subió a su hijo al auto, lo llevó al centro comercial local y lo hizo bajarse. Le dijo a su hijo: “Este es tu nuevo hogar… Te quedarás aquí hasta que aprendas a amar a esta familia más de lo que amas a la marihuana”.

El hombre se fue, conteniendo las lágrimas y rezando todo el camino de vuelta a casa. Cinco largos, tristes y temerosos días después, el joven apareció en la puerta de su casa y dijo: “Nunca más fumaré esa cosa. Por favor, ¿puedo volver a casa?”. El joven fue bienvenido con alegría por la familia, y cumplió con su palabra.

La gran mentira de la sociedad occidental moderna es que la masculinidad es peligrosa, destructiva e incluso tóxica. La masculinidad es severa y cruel. Es beligerante, agresiva e intolerante. Necesita ser reprimida.

Necesitamos más amor y esa es esencialmente una virtud femenina. El amor femenino (el único amor real que nos hacen creer que existe) es gentil, compasivo, comprensivo, tolerante, acogedor e incondicional. La verdad, evidente para prácticamente todas las civilizaciones de la historia mundial, pero de alguna forma en gran medida olvidada en la nuestra, es que hay dos lados del amor, el masculino y el femenino.

Ambos son esenciales para una familia, una iglesia o una sociedad saludable. Y en el balance adecuado, producen resultados mucho más grandes que la suma de las partes.

 

La Necesidad del Amor Masculino

Ninguna familia puede prosperar verdaderamente sin el amor femenino. Cuán triste debe ser para algunos crecer sin las memorias del amor incondicional de una madre. Que mamá vende el raspón de tu rodilla, comer una comida caliente con mamá en un día lluvioso, acurrucarse en su regazo mientras te lee un cuento.

Verla irradiar orgullo cuando te gradúas de la escuela o verla llorar cuando partes hacia la zona de combate. ¿Pero qué hay del amor del padre? ¿Puede cualquier familiar lograr su verdadero potencial sin el amor masculino? Éste es el amor que exige respeto. Que pone condiciones. Éste es el padre que te pateará el trasero si eres irrespetuoso con tu madre. El padre que te hará limpiar tu cuarto. El que te reprenderá por un reporte escolar deficiente.

Ése también es el padre que enseñará a su hijo a defenderse. Que esperará ver a su hijo esmerarse para lograr objetivos. El que exigirá a su hijo mostrar cortesía hacia las personas mayores y estar dispuesto a proteger a sus hermanos menores y a aquéllos más débiles que él.

Ése es el padre que será firme para su hija. La protegerá de cualquier amenaza o peligro. Especialmente de chicos como los que él solía ser. Él la incentivará para que sea lo mejor que pueda ser en cada aspecto de su vida. Le enseñará a respetarse a sí misma y a buscar un esposo que sea al menos tan bueno como su padre.

¿Cuántos millones de hombres occidentales (la mayoría de las otras culturas aún no se volvieron tan disparatadas como la nuestra) están pudriéndose en prisiones, trabajando en empleos sin futuro, fumando marihuana todo el día, percibiendo ayuda social o viviendo en el sótano de mamá a los 35 años porque nunca tuvieron a un padre que los lleve a pescar o les de una patada en el trasero cuando lo necesitaban?

¿Cuántos millones de mujeres pasan de una relación sin esperanza a otra porque carecen tanto de respeto por sí mismas, que se aferran a cualquier hombre que quiera estar con ellas?

¿Cuántas de ellas se esfuerzan por desarrollar relaciones significativas porque no tienen parámetros para reconocer a un buen hombre, incluso si se cruzan con uno? ¿Cuántos millones de sus hijos seguramente repetirán el mismo ciclo?

El amor masculino no es solo deseable, sino que es esencial para nuestra supervivencia. La falta de las cualidades masculinas de liderazgo, decisión, disciplina y coraje están destruyendo a la familia, las iglesias y la cultura occidental.

 

Cristianismo Masculino

El cristianismo, la base de la cultura occidental, solía ser una religión muy masculina. Jesús vino con una espada, no con un poema. Dio vuelta a las mesas de los cambistas de dinero en el Templo. No intentó mediar una solución pacífica. Dijo: “Vete y no peques más”, no “No te preocupes, haz lo que sientas, lo arreglaré con papá”.

El cristianismo occidental moderno se está ahogando en el amor femenino. Rara vez escuchas a un sacerdote o pastor estadounidense o europeo ponerse severo en su parroquia. Escucharás muy poco sobre renunciar al pecado o denunciar la maldad en la mayoría de las iglesias occidentales.

Tu experiencia en una iglesia occidental moderna probablemente no incluya a un sacerdote o pastor veterano de guerra que pueda predicar un sermón que te helará la sangre y limpiará tu alma. Probablemente no cantes canciones de alabanza como “Adelante soldados de Cristo”.

Una caricatura del clero de hoy sería un pastor de poca barba que bebe café con leche, usa pantalones ajustados y escucha música rock “cristiana” mientras él (o ella) te dice que Jesús te ama sin importar lo que hagas, y que siempre y cuando pongas algo de dinero en el plato de donaciones estarás bien con Dios, sea ella quien sea.

El cristianismo moderno abandonó el amor masculino y nuestras iglesias, familias y cultura se están muriendo debido a ello. El hecho de que mucha gente se enfurezca por lo que acabo de escribir solo prueba mi punto.

En Occidente, perdimos nuestro rumbo de tal manera que afirmar verdades obvias sobre las virtudes de la masculinidad y su rol en la familia, la iglesia y el liderazgo social pueden ser suficientes para que te despidan, te destierren, te asesinen, o incluso te eliminen de la lista de amigos en Facebook.

Para recuperar nuestra cultura debemos restaurar nuestro respeto por la masculinidad y las virtudes masculinas. Debemos reconocer que el amor masculino es lo que hace a los jóvenes desafiar a los tiranos, pelear guerras justas, explorar el espacio, crear empresas, instalar iglesias y construir familias fuertes.

 

Conclusión

La vida sin el amor femenino sería estéril, represiva, dura y fría. La China comunista, que tanto desvaloriza la feminidad que abortó decenas de millones de bebés de sexo femenino bajo la política del hijo único, es un ejemplo concreto.

La vida sin el amor masculino es, citando a Hobbes: “pobre, despreciable, brutal y corta”. Si quieres ver una prueba de ello, ve a cualquier barrio bajo con población predominantemente negra plagada de ayuda social, donde las familias sin padre son la norma.

Cualquier familia, iglesia o sociedad que puede honrar y balancear adecuadamente tanto el amor femenino como masculino está destinada a crecer y prosperar. Necesitamos ambos aspectos del amor para estar completos y santificados.

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