La coerción estatal y la economía del comportamiento – Paola Dos Santos

A continuacion reproducimos este artículo publicado en el sitio web de la organización Fundación Libre (www.fundacionlibre.org.ar) escrito por Paola Dos Santos.

 

El debate que ha dividido opiniones a través de la historia se refiere a la búsqueda de justificaciones para determinadas conductas o comportamientos de los seres humanos en lo que respecta a las decisiones de elecciones individuales y sus consecuencias, especialmente a largo plazo, las cuales han perjudicado incluso a sociedades enteras castigándolas con grandes fracasos económicos, debido a la repercusión del intervencionismo estatal en el intento de tener absolutamente bajo control las cuestiones que hacen a la acción humana y cuyo costo social y económico fue asumido por las sociedades de todos los tiempos.

En el año 2017, el economista Richard H. Thaler gana el premio nobel de Economía con su obra “Orígenes de la Economía Conductual”, en la que aparte de estudiar a muchos de los padres de la economía clásica, introduce conceptos de la psicología dentro de la teoría económica a fin de analizar el proceso de toma de decisiones en dicho ámbito. Para este fin, Thaler, en primera instancia, recurre al famoso libro de Adam Smith “La teoría de los sentimientos morales” para basar su modelo en los excesos de confianza y los problemas de autocontrol en la toma de decisiones que tenemos los seres humanos, parametrizándolas dentro del concepto del “aplazamiento o postergación de la toma de decisiones para el futuro” También recurre a John Maynard Keynes, como precursor en la introducción de aspectos psicológicos en el campo de las finanzas y a Vilfredo Pareto, por su aporte al nexo entre economía y psicología.

A través de su obra se dispuso a explorar las consecuencias de una racionalidad limitada de los seres humanos en cuanto a las mejores decisiones a tomarse para el beneficio personal de cada uno (Thaler asume que realmente el ser humano no es del todo racional como la ciencia nos ha contado desde siempre) y que las conductas se encuentran sesgadas en lo que se refieren a las preferencias sociales y la falta de autocontrol, por lo tanto, estos estados psicológicos afectan de manera contundente a las decisiones que tomamos tanto en nuestras economías individuales como en los mercados exteriores.

Para Thaler, muchos de los seres humanos somos incapaces de tomar las mejores decisiones económicas racionales para asegurar el bienestar futuro, idea que la escuela austriaca de economía ha discutido desde su propia existencia al considerarse a ella misma como racionalista y lo ha plasmado en varias tesis a través de la historia como por ejemplo la “ACCIÓN HUMANA” de Ludwig Von Mises cuando el mismo se refiere a que esta acción es necesariamente racional, y que lo opuesto a la misma no sería un comportamiento de tal índole, sino una respuesta netamente reactiva que es imposible de controlar por la voluntad de una persona. También añade que la praxeología es subjetivista, es decir que toma los juicios de valor del hombre que actúa como una serie de datos finales y dan como resultados decisiones basadas en las libres elecciones de las personas de acuerdo con sus gustos, preferencias, prioridades.

La Acción Humana describe que todo el contenido de aquellos pensamientos que hacen primitivos a los hombres, pues estos pensamientos preceden siempre a la acción, difiere del contenido de los mismos (los cuales son todos diferentes), pero en lo que hace a la estructura formal y lógica es común a ambos, pues esta estructura lógica de nuestras mentes es uniforme a todos los hombres, sin distinción alguna de razas, edades y nacionalidades. La praxeología (aquella metodología que busca estudiar la estructura lógica de la acción humana consciente de forma apriorística) no necesita plantearse la pregunta de si la razón es o no considerada una herramienta primordial y apropiada para el conocimiento de la verdad última y absoluta (en términos científicos aquella que más se acerque a la verosimilitud), tratando a la razón solo en la medida en que permite actuar al hombre. Pensar consiste en deliberar a priori sobre la acción futura y por supuesto, reflexionar a posteriori sobre la acción pasada.
Por lo tanto ¿cómo es posible que en nuestra actualidad existiese un galardón internacional tan importante como un Nóbel, que ha premiado en su momento a Hayek, uno de los principales exponentes de la escuela austriaca racionalista por sus aportes al valor subjetivista de la economía librecambista y actualmente nos traslada a una idea diferente como es la misma racionalidad limitada o distorsionada o la incapacidad de los seres humanos de tomar sus propias decisiones de elección en base a sus prioridades y sus economías particulares? En su momento, el otorgamiento del premio Nóbel a Friedrich Von Hayek quizás haya sido la evidente y galopante quiebra de la macroeconomía keynesiana y ortodoxa, a la que lastimosamente hemos vuelto, en un retroceso evolutivo sin precedentes, debido a estrategias muy bien planificadas por parte de la izquierda, desde la misma caída del muro de Berlín, específicamente en el año 1992 en donde los diferentes colectivos sociales comenzaron a surgir, dejando a la teoría económica del marxismo clásico concentrada a solas en un “bureau” para trabajar en su próximo mísil intervencionista.

La teoría económica posmodernista del comportamiento radica en tres pilares:
– Racionalidad limitada
– Percepciones sobre lo que es justo (Platón: lo bueno, lo justo y lo bello)
– Falta de autocontrol

Su énfasis en demostrar que las preocupaciones por la equidad de los consumidores pueden impedir que las empresas suban los precios en periodos de alta demanda, pero no así en tiempos de aumento de los costos ha repercutido en la famosa “teoría del empujón” a la que se refiere como aquel impulso que se necesita para tomar las mejores decisiones sobre salud, dinero y la felicidad. La misma se basa en una premisa sencilla de suponer, que, entre dos opciones, las personas eligen a menudo la que es más fácil sobre lo que realmente resultaría más adecuado, esto debido a la falta de tiempo para pensar, ya sea a causa de la globalización que nos absorbe dicho tiempo, o quizás a la costumbre, o simplemente la mala decisión por nuestra incapacidad, según esta teoría, de poder razonar sobre lo que nos conviene o nos gusta.

La teoría del “nudging”, como la llama Thaler, es la forma más eficiente de empujar a una población a tomar decisiones que las beneficien a largo plazo, ayudando a las mismas a tener un mejor autocontrol a fin de ahorrar para una jubilación digna, por ejemplo, e indefectiblemente en este contexto entra a jugar nuevamente el Estado “todopoderoso” con sus políticas establecidas para ejercer coerción sobre la libertad de las personas en sus propias decisiones y responsabilidades, tratándolas como seres vulnerables ante una racionalidad limitada, y a partir de allí comienza el martirio en el uso y abuso de los conceptos altruistas para el discurso que hace a la igualdad, y con esto ahogar al individuo en un mar de culpabilidades y falta de sentimientos humanos.
Para que nuevamente el Estado asuma su papel paternalista y coercitivo, se comienza otra vez con la estrategia histórica del “lavado de cerebro” a fin de dejar de lado la tentación a corto plazo en los hábitos de elecciones, como por ejemplo las decisiones saludables que hacen a un mejor estilo de vida, lo que prácticamente son transformadas en tributos ya conocidos como “los impuestos al consumo”, en donde se castiga a los viciosos del azúcar, de la grasa, del tabaco, alcohol, etc, simplemente porque los mismos son considerados seres limitados racionalmente. Suena paradójico al mencionar a la racionalidad como una herramienta para una mejor toma de decisiones, considerando al ejemplo sobre la salud, la suposición radica en que el ser humano racional debería optar por la mejor decisión saludable debido a la evidencia del daño que provoca el consumo de ciertos productos nocivos, pero el hombre en uso de su libertad, realiza una correspondencia sobre sus decisiones a corto, mediano y largo plazo, teniendo en cuenta a sus prioridades y a la búsqueda subjetiva de su felicidad, la cual para todos es siempre diferente. Las únicas necesidades en las cuales todos podemos estar de acuerdo en que deben ser satisfechas en un inicio y de manera radical, debido a nuestro instinto de supervivencia son aquellas del orden fisiológico, como ya lo demostró Maslow con la teoría de su pirámide de necesidades, colocando a las mismas como base de su modelo y en la cúspide que puede alcanzar el hombre a la autorrealización personal, según el proyecto de vida que planeemos.

Según Thaler, esta categoría de hombre racionalmente limitado, por no poder deliberar correctamente sobre la toma de las mejores decisiones, necesitan del “paternalismo estatal” que los conducirá al camino moral de la eficiencia y la calidad de vida para conocer la felicidad, concepto bastante difícil de definir, que hasta hace poco ni Peterson ni Žižek lo pudieron hacer en su último debate y tampoco podría ser considerado parámetro que estos teóricos puedan definir a la misma, pues como lo he mencionado en el párrafo anterior, la propia felicidad individual es subjetiva para cada uno.

A esta acción coercitiva con “buenas intenciones”, Thaler la llama “paternalismo liberal”, un tipo de acción estatal justificada en base a la moral y a las buenas costumbres que hacen a la vida de un buen contribuyente samaritano, en búsqueda de la IGUALDAD, justificando de esta manera que los liberales clásicos siempre han estado radicalizados con la idea de ir en contra a todo concepto de paternalismo estatal por considerarlo perjudicial, y dejando al libre albedrío a seres irracionales que no consideran en lo absoluto las consecuencias de sus elecciones irresponsables.

El Paternalismo liberal o “SOFT” como lo llaman los progresistas Richard Thaler y Cass Sustein consiste en una filosofía intervencionista que afirma que incluso personas competentes y con una excelente calidad informativa en sus vidas pueden cometer errores cuando toman decisiones para sus propios intereses, por lo tanto sostiene la necesidad de que empresas y el mismo gobierno nos “ayuden” con pequeños empujones coercitivos que si bien no eliminan la libertad de acción, nos vuelven a someter a una coerción psicológica que termina en una ineludible coerción impositiva a través de la política fiscal.

Ludwig Edhard, considerado como el autor del “Milagro Alemán” se refiere a la economía conductual como un concepto necesario de abordar luego de la segunda guerra mundial, en una Alemania hecha pedazos. Si bien el mismo se encontraba en desacuerdo con los liberales ortodoxos en cuanto a la postura radical de no involucrar valores psicológicos en el estudio de un comportamiento humano que pueda mejorar a las economías individuales, agregó una cuestión sumamente importante a este concepto: Erhard admite que sería un grave error utilizar a la psicología para conseguir una mejora en las decisiones económicas de las personas si la misma recurre al chantaje altruista como una justificación válida para ejercer la coerción sobre las libertades en las decisiones individuales.
La economía del comportamiento ha comenzado a ganar espacios sociales incluso para encontrar soluciones a las evasiones fiscales. En México y Colombia se ha implementado un sistema de visitas personales por parte de agentes tributarios a deudores, a fin de “motivarlos” a que paguen sus deudas, dejando de lado las herramientas digitales o la carta remitida para dicho fin. Estas visitas de carácter personal llevan el mensaje moral de que el tributo es un compromiso nacional que no puede ser evadido, pero nada nos dicen acerca de las redistribuciones como parte de la política tributaria que también hacen al derecho moral de los contribuyentes. Una vez más el chantaje altruista en plena acción coercitiva, de forma diplomática.

El hombre económico que defiende la teoría tradicional es quien actúa en consecuencia, y valora de acuerdo con diferentes parámetros la salud, la enfermedad, la vejez, el ahorro, la planificación de su vida en sí, pero como se considera al hombre como un ser imperfecto es imposible calcular los óptimos planificadores a prueba de todo tipo de tentaciones, por su misma subjetividad. El hombre y sus limitaciones cognitivas que lo hacen vulnerables a todo tipo de impulsos a veces irracionales para el punto de vista de los demás se convierten en títeres para la manipulación por parte de terceros. A fin de salvaguardar al pobre hombre de decisiones irracionales, aparece el intento de paternalismo estatal para meter manos y narices en nuestras decisiones bajo la pena del castigo que conocemos como SISTEMA TRIBUTARIO SIN REDISTRIBUCIÓN. Luego, la convivencia social se convierte en un circo en donde el Estado domador, nos castiga a diario adoctrinándonos, hasta que cumplamos estrictamente sus órdenes, para el deleite de un público superior que les genera dinero con sus entradas para el disfrute del show.

De esto trata la economía del comportamiento (Behavioral Economics), simplemente de un instrumento para crear políticas públicas que adapten la manera de pensar y tomar decisiones de los ciudadanos contribuyentes de un país, y no como una opción más racional de enfocar las mismas hacia modelos económicos que se asemejen a la realidad humana.

¿Pueden otros hombres racionalmente limitados tomar mejores decisiones económicas para los demás hombres con las mismas características, cuando nuestras variables en lo que hacen a las elecciones son diferentes en prioridades y se adecuan a nuestra economía individual o familiar? La única respuesta a esto podría encontrarse quizás en La República de Platón, el gran libro inspirador del manifiesto comunista para la vulgar copia de su doctrina, donde en su misma utopía, el mismo Platón idealizaba la figura de reyes filósofos superiores a los demás hombres en todos los aspectos y la división en castas sociales. Pero al terminar de escribir el libro, el filósofo admite que la idealización está muy lejos de rozarse con la realidad humana, por lo tanto, el socialismo, incluso desde la perspectiva de la economía del comportamiento hasta la política fiscal coercitiva sigue siendo la búsqueda del “amor platónico” de aquellos idealistas marxistas que sostienen que la igualdad se encuentra en la violación misma de la libertad individual.

 

 

*Paola Dos Santos es Licenciada en Administración y especialista en Proyectos de Inversión, por la Universidad Nacional de Asunción. Docente en el área de Ciencias Empresariales y Economía Política. Es Directora Ejecutiva de la Fundación Issos de Paraguay y miembro fundadora del nuevo movimiento paraguayo por La Libertad y la República. Además, es escritora colaboradora de la Fundación Libre.

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