La izquierda abandona a Marx y abraza a Nietzsche. Por Joan Font Roselló

A continuación publicamos este artículo de opinión de Joan Font Rosello publicado en el Diario El Mundo de España.

La izquierda no era otra cosa que una fábrica de resentimiento. «La izquierda no tiene ideas, sólo enemigos», sentenció con lucidez Alain Finkielkraut

Decía el pasado domingo (La fuerza del ideal, EM, 9/06/2019) que la exculpación del comunismo de los libros de texto de Geografía e Historia, así como la «imagen negativa y sesgada de las empresas y de los empresarios» que se desprende del estudio de Sociedad Civil Balear, no responde a ninguna casualidad sino que tiene su origen en la concepción del mundo conocida como «corrección política» que viene dominando Occidente en los últimos treinta años. Jean-François Revel, en La gran mascarada (2000), había sido el primero en advertir de la operación diseñada por la «intelligentsia» de izquierdas para blanquear los espantosos crímenes del comunismo y tratar así de salvar la utopía comunista.

Una de las primeras tácticas empleadas consistía en comparar la perfección del ideal comunista con las imperfecciones de la economía de mercado, un trampantojo al que se prestan los manuales de Geografía e Historia analizados, ávidos en señalar todas las desventajas del capitalismo mientras tratan con neutralidad al comunismo como idea al margen de sus fiascos reales. No se trataba tanto de afirmar el comunismo, a fin de cuentas una ideología hecha añicos por la apisonadora de la realidad, sino de relanzar la idea de «justicia social» mientras se atacaba el capitalismo motejándole de «salvaje» y otros adjetivos descalificadores. Como el comunismo había dejado de ser una alternativa económica viable a la economía de mercado, la «intelligentsia» de izquierdas centró sus esfuerzos en demonizar el capitalismo, aliándose con todo aquel que pusiera objeciones al nuevo orden mundial inaugurado en 1990. Todo valía contra el Gran Satán, identificado con el capitalismo y los Estados Unidos. Desde los movimientos guerrilleros como Chiapas hasta Hugo Chávez, pasando por la «excepción cultural». Ya no se trataba tanto de construir un mundo mejor como de destruir el presente, divulgando múltiples sentimientos de culpa en las sociedades occidentales. Como no podía cuestionarse la eficacia práctica del capitalismo, se mantenía la llama de la eterna duda acerca de su ética y justicia. La izquierda no era otra cosa que una fábrica de resentimiento. «La izquierda no tiene ideas, sólo enemigos», sentenció con lucidez Alain Finkielkraut.

La culpa siempre es del capitalismo. Las críticas no se ceban ya en su sistema económico sino en su vulgaridad, su consumismo y su falta de vida espiritual. El contrapunto al burgués ya no es el proletario sino el artista, el genio y los nuevos «estilos de vida». Estos intelectuales estaban obsesionados con la cultura, no con la economía, de ahí que se convirtieran en feroces críticos culturales de las democracias occidentales. Para estos nuevos esnobs, el capitalismo y la burguesía continúan siendo los enemigos a batir pero por razones distintas a las esgrimidas por el viejo comunismo. La cuestión no es la lucha de ricos y pobres sino la vulgaridad del burgués autosatisfecho al que se califica de inculto y pretencioso.

 

Estas corrientes subterráneas que corrían, en principio, entre las élites universitarias eclosionaron en 1990 cuando la izquierda política se encontró sin la referencia soviética y con cada vez menos proletarios conforme aumentaba el nivel de vida de los países occidentales. El frente de batalla era otro: la historia de Occidente, sus costumbres, sus creencias, su moral, sus logros, los «valores» cristianos y occidentales, todo debía ser revisado en su totalidad. Occidente era culpable.

 

Uno de los puntales de este revisionismo a gran escala, que cometía la deshonestidad intelectual de juzgar hechos pretéritos bajo el prisma actual, se centró en la defensa de las minorías frente a las imposiciones de la mayoría, identificada como blanca, heterosexual y cristiana, que daría lugar a las omnipresentes políticas de identidad con el WASP (White Anglo-Saxon Protestant) en el centro de la diana. Si el concepto de ciudadano que subyace de la Ilustración trasciende las diferencias accidentales, la nueva izquierda tratará de exacerbarlas. Si antes se incidía en lo que unía a las personas al margen de su sexo, orientación sexual, raza, religión o lengua, la nueva izquierda trata de identificarlas -esto es, encerrarlas y determinarlas- por su sexo, orientación, raza, religión o lengua. El accidente resulta ahora determinante, decisivo. Si el reconocimiento del Otro consistía en obviar lo que separaba a las personas para centrarse en un mundo común y compartido, ahora el reconocimiento consistirá en elevar a categoría estas diferencias accidentales y compensar el «agravio» histórico que han sufrido negros, mujeres, homosexuales o las lenguas minoritarias. La nueva izquierda se hace identitaria y dispuesta compensar y retribuir a cargo de los presupuestos públicos todas estas identidades maltratadas. El internacionalismo, un eco lejano del universalismo cristiano, había sido abandonado por la nueva izquierda nacida de los restos del comunismo.

 

4 thoughts on “La izquierda abandona a Marx y abraza a Nietzsche. Por Joan Font Roselló”

  1. Mariano Barraza

    Buen día. Excelente artículo sres. del PAN. Claro y clarificador. Simplemente solicito su licencia para comentar además, como una forma de intentar entender los motivos de la izquierda está en sus orígenes. Marx a mi limitadísimo entender no pudo nunca ser objetivo en sus conclusiones acerca de la explotación del trabajador asalariado por parte del burgués poseedor de los medios materiales de producción, debido a que dichas conclusiones parten de la observación de un hecho histórico determinado, como lo fué la primera revolución industrial (de la cual no fué contemporáneo), con hechos sucedidos en un lugar determinado (me refiero específicamente a Inglaterra, por citar algún ejemplo, la ciudad de Manchester) y de un período político específico como lo fué el fin del modo de producción medieval (Ley de cercos, expulsión del campesino inglés), simplificando, elabora su teoría en base a un hecho aislado, universaliza su conclusión cuando ni siquiera toma en cuenta otras formas de producción como por ejemplo en oriente. De esta manera su teoría fundamentada en un error conceptual no puede mantener sus fundamentos a lo largo de la historia, y por ello muta su recorrido por meandros inimaginables. Atte. MARIANO BARRAZA. Estudiante de Licenciatura en Ciencia Política. UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA MATANZA.

    1. Partido Autonomista Nacional

      Estimado Mariano, muchas gracias por tus comentarios, por supuesto nos gusta muchisimo que los jóvenes comenten los artículos, por que queremos que existan más debates políticos, filosóficos y económicos. El equipo de PAN

  2. MARIANO BARRAZA

    Agradezco su respuesta y cortesía. Quiero aclararles que soy un “joven” de 47 años, que si bien tengo una posición política definida, que quizás no coincidamos en algunas cosas (seguramente menores) creo en el diálogo, y creo entender nuestros puntos de encuentro, por ejemplo en esa visión mas tradicional acerca del desempeño de nuestra sociedad. Los actuales “atributos” libertarios de nuestros individuos nos están llevando a un grado de degradación tal que hoy los “malos” son los héroes, pareciera que al abanderado en lugar de admirarlo debemos burlarlo, al funcionario honesto tratarlo como bicho raro, y cualquier tipo de autoridad (docente, eclesiástica, policial, etc) denostada, enfrentada, desobedecida y si es posible humillada por el hecho en sí. Soy nacido en Ramos Mejía y actualmente vivo en el partido de Merlo, espero encontrar sus boletas al menos en la escuela Sarmiento de San Antonio de Padua (que es donde voto) para cortar boleta y apoyar su candidato. Espero poder contactarlos una vez transcurridas las elecciones. Un cálido saludo de mi parte.

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